Solución embolatada

La polémica está de nuevo sobre la mesa, quien tiene más derecho sobre estos dos derechos, el derecho al trabajo y el derecho al espacio público, en Soacha en el 2019 se hizo una labor que  termino con la llegada de diciembre en noviembre, el espacio público estuvo sobre el derecho al trabajo y los vendedores ambulantes durante unos meses se dedicaron a eso, a deambular por la calle 30 en San Mateo, para no hablar de otros sectores de Soacha como la calle 13, la calle 11, la carrera 7 y demás.

Pero con la llegada en noviembre de diciembre el espacio público perdió de nuevo el pulso y el trabajo de los ambulantes se impuso, ocupando con todo tipo de mercancías, la mayoría sin factura legal de compra, los puestos que resultan siendo propiedad de unas personas que lo ofrecen al mejor postor o a quien tiene la influencia necesaria para establecerse en los puestos VIP, sino al gallinero ya que la zona de la calle 30 está debidamente sectorizada.

Siendo las calles propiedad y responsabilidad del municipio, ¿quiénes son los que venden estos espacios públicos?, que tienen derecho sobre el espacio público y el trabajo, pues son ellos los que deciden quien ocupa y por lo tanto quien trabaja.

Con este panorama el comercio formal se defiende sacando sus propias mercancías al frente de sus locales o alquilando también ese espacio,  a todo esto se suman empresas de telecomunicaciones, venta directa por catálogo, servicios exequiales, servicios públicos, instituciones educativas, etc,  que envían sus tropas de personal debidamente uniformado e identificado a competir por posibles clientes, contribuyendo con el caos  de la calle 30 una de las zona con más afluencia de personas en el municipio.

La administración ofrece a los vendedores un espacio en la zona que recibe muchos reparos por parte de los ambulantes porque según ellos no tiene la infraestructura necesaria, las carpas son muy pequeñas, la lluvia moja sus mercancías, no tienen servicios sanitarios, no hay seguridad, la zona no es frecuentada por la comunidad y por lo tanto no tienen ventas.

   El pulso entre la administración y los informales tuvo un nuevo empuje de parte de los ambulantes, salieron a las calles y marcharon hasta el parque central de Soacha para exigir un dialogo que consolide sus peticiones, se acaben los atropellos de la fuerza pública, el decomiso de sus mercancías y sean tratados con dignidad.

El nuevo timonel se mantuvo firme en sus decisiones, insistiendo que deben los vendedores ocupar el espacio ya designado, que no es “aprobado” por los representantes de la informalidad en la calle 30.

Desde ese punto de vista es muy difícil que la municipalidad encuentre un sitio donde este sector económico se pueda sentir a gusto, es sobre la calle 30 que los informales encuentran la demanda de sus mercancías si los mueven de ahí, nunca en otra parte van a encontrar el nivel de ventas que dicen tener, es por el alto flujo de personas de la calle 30 que se crea ese comercio, si los trasladan a otro lugar sin ese volumen de transeúntes nunca venderán lo mismo.

Por lo tanto, tendría la administración que crear un dique que desviara el paso de los peatones de la calle 30 por el corredor comercial en el que se pretende acomodar a los vendedores ambulantes, vulnerando otro derecho, el del libre albedrio y la libertad de movilidad propia de un ciudadano, lo que es imposible de hacer.

Además los ambulantes y sus representantes han demostrado que no pretenden incluirse dentro de la oferta laboral formal que existe en el momento, porque implica horarios y responsabilidades a los que no están acostumbrados, no tienen la disciplina, el orden, el compromiso,  no van a apoyar la medidas administrativas para convertir el corredor comercial de la 30 en una zona prospera y de oportunidad, por lo que van a continuar saboteando este proceso y ocupando la calle 30 y demás zonas con esta misma problemática, pues estas son las zonas por  donde transita el grueso de la comunidad en Soacha que tendría que aprender a no comprar nada en las calles del municipio como parte de la “solución embolatada” en la que todos los involucrados tienen que aportar y sacrificar.

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