Un cambio total a la incertidumbre.

Desde agosto del año pasado los colombianos caminan por el filo de la navaja, nadie está seguro
de lo que le espera, la incertidumbre reina entre los nacionales, el presente es un acertijo y el
futuro pareciera desvanecerse en la incertidumbre de hoy.
Un presidente que quita a todos los que le estorban en su camino hacia la paz total, una guerra
que parece llevará hasta el fin, dispuesto está a dejar en manos de gente sin talento y sin
experiencia las instituciones con tal de conseguir avanzar en las reformas y propuestas de
gobierno, se ampara en personajes que lo respaldan a costa de arriesgar prestigiosas entidades en
sus mentes disparatadas, tras un cambio que tiene al borde de un paro nacional total en todos
sectores económicos del país.
Una nación que se escandaliza en ver como salen de la cárcel personajes oscuros para convertirse
en Gestores Paz, sin que sean los jóvenes de la primera línea a quien se refiera el termino oscuro,
lo oscuro es la forma en que están saliendo de prisión los condenados por el alto grado de
violencia que manifestaron en las protestas y marchas realizadas al gobierno Duque, respaldadas
en su momento por el hoy en día presidente, quien ejerce toda la presión desde su cargo para que
sean liberados y ponerlos a ganarse un millón de pesos mensuales como gestores de la paz que
tanto maltrataron.
Tras el estallido social anuncia Petro una indemnización para las victimas de la primera línea a
modo de consuelo o de recompensa, mecanismo que resultara de la propuesta de CIDH y del
gobierno pero que puede demorarse hasta tres años es decir una vez que haya sacado a su
ejercito de gestores de reclusión, termino en el que seguramente alguna leguleyada echará a
pique esta tierna idea.
Una economía con la gasolina más cara, sin haber llegado al máximo de su trepada, presupuestada
en $18.000 para agosto de 2023 justo al año de haber ascendido al poder la Colombia Humana,
que hoy tiene serias dudas sobre la decisión política que tomaron de colocar al petrismo en la
presidencia de la república, lo que producirá una inflación como la que ya en el 2022 los
colombianos tuvieron que soportar y que para este año a pesar del generoso aumento del mínimo
y de las generosas predicciones de los economistas, podría ser mucho peor.
Un Petro que se toma de manera personal el control de las administraciones de servicios públicos,
seguramente porque la participación en las decisiones de estos organismos en las que se ve
involucrada la cartera de Minas y Energía son sin lugar a dudas muy poco confiables, ya que su
ministra Irene Vélez ha venido dando muestras de que lo respalda a morir, pero sus capacidades
para dirigir está cartera han sido puestas muy a menudo en duda, sin tener en cuenta que también
en estas administraciones tienen cabida el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, el
Departamento Nacional de Planeación y la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios,
entidades en los que también tiene gente igual a la famosa Vélez Torres.
El despilfarro de los impuestos de los colombianos en darle gusto a la vicepresidenta Márquez y
quizás para quitársela del camino y evitar que siga hablando y equivocándose sabroso, de crear un
Ministerio de la Igualdad, es sin duda algo que nunca tendrá igual en la historia del país, un
ministerio que va a tener el trabajo de igualar a todos los colombianos, ricos y pobres, negros y
blancos, heterosexuales y LGTBI, indios y mestizos, ladrones y jueces, izquierdistas derechistas.

¿bajo qué criterio se logrará esta igualdad?, bajo el criterio de un negro o de un blanco, de un
zurdo o de un derecho, de un pobre o de un rico, de seguro habrá siempre una desigualdad, que
es lo que hace normal una sociedad, los que tienen el poder y los que son dominados que es a lo
que apunta la izquierda, las clases sociales que es lo que hace a la democracia.
En la actualidad del país registra un déficit de 8 % del PIB, que es el más alto de América Latina y
en general del mundo y tiene la moneda más revaluada o devaluada en el mundo con respecto al
dólar, algún país africano le impide a Colombia llevarse este patético puesto, las personas dejaron
de ahorrar y las tazas de usura han crecido como nunca en la historia, es más barato pagarle a un
gota a gota que sacar un préstamo o usar tarjetas de crédito, la especulación es amparada por las
incertidumbres que genera el gobierno con sus reformas y sobre todo con los inexpertos
personajes que ahora dirigen en las entidades públicas a la nación.
En medio de la inseguridad creada por los ceses al fuego bilaterales que nadie respeta, el macro y
micro tráfico de drogas, armas y mercancías ilegales, el desempleo que se emplea en las calles
robando, atracando, asesinando, en un caldo de cultivo que se aderezo con la llegada masiva de
extranjeros que en algunos casos son mejor atendidos que los mismos nacionales, los colombianos
se defienden y tratan de salir a trabajar así sea en un semáforo, en los andenes, en los puentes
peatonales, en el transporte público, se encomiendan al Sagrado Corazón de Jesús todos los días y
piden en sus oraciones que estos cuatro años que vienen pasen rápido y que los deje como se les
pide a los ladrones, sanos para poder seguir trabajando.
Un gobierno que va por el petróleo, el gas, el carbón y demás metales para cambiarlos por el
turismo, en un país donde nadie quiere venir gracias a la incertidumbre creada por el mismo
gobierno que en busca de la paz total deja que las guerrillas, las disidencias, el crimen organizado,
el narcotráfico y la delincuencia común se cuelen en medio de este proceso y se apoderen de
grandes territorios de la geografía nacional en la que ni los colombianos residentes del lugar
pueden caminar sin permiso de estos actores de violencia, un turismo que lo único que lo motiva
es la crecida del precio del dólar, para llegar a los centros urbanos donde hay cierto control de la
fuerza pública a cambiar dólares por prostitución infantil y de mayores, droga, rumba y
desenfreno, dejándole al país una economía muy insipiente pero más descaradamente manchada
de sangre.
Nadie en esta nación se siente tranquilo, ni los petristas ni la oposición, los petristas porque saben
que les falta la gente capacitada para dirigir la institucionalidad, que los que están en esos puestos
son fieles defensores de la causa, pero sin conocimiento para hacerlo, con la excepción del
ministro Ocampo a quien le quedo aparte de su oficio que es ver como se subsidia a todos en
todo, el oficio de salir a corregir a todos sus colegas cada vez que la embarran, incluyendo al
mismo Petro, ni la oposición porque ven que la inexperiencia del gabinete ha llevado la economía
a sus peores momentos por lo que prevén para este gobierno en pocos meses una crisis
ministerial y gubernamental en la que van a tener que hacer uso de la mano derecha.

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