Precarización.

Foto: Agencia UNAL

En el panel “Reimaginando los futuros de las izquierdas en América”, académicos evidenciaron que los fenómenos sociales crecientes en el Sur Global —como desindustrialización, migración masiva, informalidad laboral, economías criminalizadas y plataformas digitales que promueven formas de autoexplotación— están configurando un escenario de precariedad estructural que afecta especialmente a las grandes mayorías de la región.

Según los expertos, estas formas de “precarización” no solo impactan las condiciones materiales de vida, sino que además erosionan aspectos más profundos como la salud mental de la población. 

René Ramírez, investigador del Sistema Nacional de Investigadores de México, señaló que “la desestructuración del trabajo, la incertidumbre permanente y la autoexplotación digital (personas trabajando bajo condiciones intensas y sin garantías laborales, aprovechando tecnologías digitales) afecta gravemente la salud de amplios sectores sociales, particularmente jóvenes y mujeres”. 

Señaló además que el uso del tiempo —cada vez más fragmentado, saturado y mercantilizado— limita la posibilidad de una organización colectiva, una reflexión crítica y una participación política sostenida. 

Varios países latinoamericanos viven un nuevo giro progresista, como por ejemplo Colombia con el presidente Gustavo Petro, Brasil con Luiz Inácio Lula da Silva, o México con la transición hacia el gobierno de Claudia Sheinbaum; según los panelistas, aunque estos países no conforman un bloque homogéneo, sí comparten una agenda basada en la recuperación del Estado como garante de derechos, el fortalecimiento de lo público y el reconocimiento de los sectores históricamente marginados.

Defensa de lo común

Frente a este resurgimiento de los gobiernos de izquierda, la filósofa Luciana Cadahia, docente de la Universidad Católica de Chile, señala que la tensión entre modelos políticos en América Latina —oligarquías y progresismo— es cada vez más visible y que esta confrontación no es abstracta, ya que se puede traducir en políticas concretas sobre salud, educación, trabajo y tierras pensadas desde un Estado que busca servir al bien común o a la lógica de la mercantilización.

“El problema no es solo quién gobierna, sino cuánto tiempo tiene para transformar estructuras. El capitalismo opera con una inercia que exige respuestas rápidas, pero las transformaciones profundas requieren paciencia política, institucionalidad fuerte y movilización social”, señaló la académica. 

Pese a ese diagnóstico, el panel no se limitó al pesimismo, y así los académicos plantearon que la historia reciente demuestra que los virajes son posibles cuando hay voluntad política, por lo que invitan a fortalecer las asambleas populares como espacios de organización, deliberación y defensa de lo común.

Además los académicos expresaron la necesidad de transnacionalizar la movilización popular conectando luchas locales con redes regionales e internacionales que enfrenten coordinadamente las lógicas globales de despojo, extractivismo y exclusión, para que a través de este escenario de participación se pueda reconstruir el tejido comunitario y disputar el sentido de lo político más allá de las urnas.

“No estamos atrapados. Los primeros gobiernos progresistas han demostrado que se puede redistribuir, cuidar y dignificar la vida”, dijo el investigador Ramírez.

A la conversación también se sumaron representantes del colectivo LaPoderosa Colombia, quienes pusieron el acento en las resistencias comunales, barriales, rurales, indígenas y juveniles, que incluso en medio de la crisis inventan formas de cuidado, educación y economía solidaria. 

Al cierre del panel la sensación fue de urgencia pero también de posibilidad. Los expertos señalaron que, pese a las crisis, América Latina no está destinada al fracaso ni a un futuro marcado por la desesperanza, la desigualdad o el deterioro institucional. Afirmaron además que la región aún tiene la posibilidad de construir un horizonte justo, democrático y sostenible, si se fortalece el compromiso colectivo y la voluntad política.

Tomado de Agencia UNAL

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