Foto: José Nicolás Pabón
Regularización de venezolanos elevó ingresos y formalidad laboral
Bogotá26 de agosto de 2025Creado por GABG/dmh/LOFN.° 150
El análisis de datos de más de 740.000 migrantes venezolanos en Colombia evidenció que quienes accedieron a la regularización laboral a través del Permiso Especial de Permanencia (PEP) lograron salarios hasta por $500.000 más, y pasaron de la informalidad a empleos con seguridad social. El hallazgo rompe con la idea de que la migración deprime los ingresos, y muestra que la integración puede generar estabilidad económica y social.
Concebido inicialmente como una medida transitoria, el mecanismo de regularización terminó convirtiéndose en un factor de estabilidad para miles de familias venezolanas. En el pico migratorio de 2018, gran parte de esta población solo encontraba trabajos informales, con salarios bajos y sin acceso a garantías sociales. El PEP permitió su vinculación al empleo formal, y con ello el acceso a salud, educación y seguridad social.
Según el investigador José Nicolás Pabón Dueñas, magíster en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), “el impacto de la regularización fue tangible ya que les permitió a los migrantes asegurar sus necesidades básicas, acceder a salud y brindar mayor estabilidad a sus hogares”.
“Aunque inicialmente el PEP se pensó solo como una estrategia de regularización, más adelante abrió la posibilidad de que los migrantes accedieran a salud, cotización en seguridad social y servicios de empleo, lo que fortaleció su integración en Colombia”, señala el investigador.
Del éxodo a la regularización
La migración venezolana hacia Colombia constituye el mayor movimiento humano reciente en América Latina. La crisis económica, el desempleo y la falta de servicios básicos en Venezuela llevaron a que más de 2,8 millones de personas se asentaran en el país durante la última década. Esta llegada masiva se convirtió en un reto social y económico para el Estado colombiano, especialmente en empleo, educación y salud.
El análisis de la Gran Encuesta Integrada de Hogares y de la Encuesta Pulso Migración del DANE permitió caracterizar a la población venezolana y distinguir entre quienes accedieron o no al PEP. Los resultados mostraron que aunque la mayoría de los espacios de ocupación eran operativos y de baja cualificación, para quienes obtuvieron el permiso se convirtieron en la puerta de entrada a la formalidad, a diferencia de quienes permanecieron en la informalidad.
El análisis contradice la idea de que la llegada de mano de obra extranjera deprime los salarios, demostrando que la regularización redujo la precariedad y promovió la formalidad. “El imaginario suele ser que los migrantes aceptan sueldos mucho más bajos y afectan los ingresos de todos, pero la evidencia muestra lo opuesto: con el PEP accedieron a empleos formales y a salarios dignos que cubren sus necesidades básicas”, explica el magíster Pabón.
Inserción laboral y ruptura de mitos
Más allá del aspecto salarial, la regularización se transformó en un mecanismo de acceso a derechos sociales. Muchos migrantes solicitaron el PEP no solo para trabajar sino también para contar con servicios de salud, continuar sus estudios o reunirse con sus familias en condiciones más estables.
Según la investigación, cerca del 40 % de los migrantes de la muestra accedió al permiso en alguna de sus versiones: un 14 % lo tramitó por razones laborales, un 10 % para acceder a salud, y un 3 % para continuar sus estudios. Estos resultados muestran que el PEP funcionó como una puerta de entrada a la economía formal, y al mismo tiempo como una vía para garantizar derechos básicos y mejorar las oportunidades de integración social.
Los datos también revelan brechas de género: el 24,32 % de los hombres con PEP superó ingresos de $1.400.000, frente a solo el 13,56 % de las mujeres. Aunque el permiso mejoró la remuneración de la población migrante en general, aún persisten desigualdades entre quienes lograron regularizarse.
La diferencia se acentúa al comparar beneficiarios y no beneficiarios del PEP. Solo el 2,81 % de los hombres sin permiso superó el $1.400.000, frente al 24,32 % de quienes sí lo obtuvieron. En las mujeres la brecha fue similar: apenas el 1,04 % de las no regularizadas alcanzó ese rango salarial, frente al 13,56 % de las que contaban con el permiso.
Estos contrastes evidencian que la regularización facilitó la inserción laboral y representó una mejora sustancial en los niveles de ingreso de la población migrante.
“La importancia del PEP radica en que diversificó el mercado laboral sin generar efectos negativos sobre los salarios de la población colombiana. En cambio, la herramienta contribuyó a reducir la pobreza entre los migrantes, facilitó su integración social y mejoró su acceso a servicios esenciales”, anota el magíster.
Un modelo con futuro y ejemplo para la región
La investigación de maestría también advierte que ante los nuevos flujos migratorios desde Venezuela es necesario ampliar este tipo de programas. “La continuidad de herramientas como el PEP requiere un enfoque focalizado, con plazos claros y recursos dirigidos a la población con mayor vocación de integración productiva. Solo así los beneficios se podrán extender tanto a los migrantes como al desarrollo económico del país receptor”, señala el magíster Pabón.
En la comparación internacional se evidenció que en países como Perú o Ecuador los programas de regularización se han limitado a registrar y recibir migrantes, mientras la iniciativa colombiana dio un paso más al garantizar acceso a empleo formal, salud y educación, lo que la convierte en un modelo replicable para la región.
Los resultados aportan evidencia científica al debate sobre migración y empleo en Colombia. El PEP no solo respondió a una emergencia, sino que además probó ser un mecanismo eficaz para estabilizar salarios, reducir la informalidad y ampliar derechos. En un escenario dominado por los prejuicios, los datos muestran una realidad distinta.
