Guadua, el “acero natural”

Bogotá 06 de agosto de 2025. Creado por JECR/dmh/LOFN.° 097

En el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Mariana Páez, en Acacías (Meta), donde más de 150 familias intentan reconstruir sus vidas tras el conflicto y el desplazamiento, surge una propuesta de vivienda adaptada al calor intenso, los sismos y la precariedad de los materiales improvisados. Se trata de un prototipo desarrollado por ingenieros de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) que plantea el uso de la guadua, planta que sirve como base estructural para construir viviendas rurales más habitables, sostenibles y fáciles de replicar.

El modelo, diseñado por el Semillero de Estructuras en Madera y Bambú (Sembu) de la Facultad de Ingeniería de la UNAL, busca mejorar la calidad del hábitat con una estructura liviana, modular, fácil de armar y sin necesidad de mano de obra especializada. Su iniciativa protege el material del deterioro por humedad y radiación solar, garantiza ventilación cruzada, reduce costos de construcción y está avalado por la norma sismorresistente colombiana.

Aunque el proyecto aún se encuentra en fase de implementación piloto con un módulo en esta comunidad del Meta, abre un camino para repensar la vivienda rural en clave de paz, sostenibilidad y dignidad. “Esperamos a futuro ayudar a que la comunidad se apropie de este tipo de bambú y lo implemente en sus viviendas”, afirma David Ayala Laverde, líder del Sembu, quien adelanta el Doctorado en Estudios Ambientales de la UNAL.

En 2023 las familias del ETCR Mariana Páez fueron desplazadas del municipio de Mesetas a la vereda Quebraditas, en Acacías, debido a la presión de actores armados. Allí levantaron nuevas viviendas con cemento, ladrillos y tejas de zinc —algunos de los pocos materiales que lograron transportar—, además de casas “provisionales” entregadas por el Estado, que, a pesar del nombre, aún no tienen alternativa definitiva.

Estas construcciones presentan problemas estructurales y de habitabilidad: no resisten sismos, se recalientan con facilidad y protegen poco frente a lluvias o cambios bruscos de temperatura. De ahí surge la idea del Sembu de ofrecer una opción viable y contextualizada, basada en una planta nativa con tradición ancestral: la guadua, cuyo nombre muisca significa “caña gruesa del monte”.

Desde 2017 el Sembu, creado por la profesora Caori Takeuchi, investiga el potencial de la guadua como material estructural para el ámbito rural.

La paz necesita una vivienda digna

Durante el terremoto de Armenia en 1999, mientras miles de fincas y estructuras industriales colapsaban, algunas viviendas construidas con este bambú gigante lograron mantenerse en pie. Originaria de regiones como Caldas, Cundinamarca, Santander y Tolima, la guadua ha demostrado ser más resistente a la tracción que varios tipos de concreto.

Su resistencia no es solo promesa. Con una capacidad de tensión de hasta 113 megapascales —superior a la de algunos concretos—, la guadua se ha usado desde épocas precolombinas y hoy cuenta con respaldo normativo en Colombia. Gracias a los aportes técnicos de la UNAL Sede Manizales, este material se incluyó en la norma de sismorresistencia mediante la Ley 2206 de 2022, conocida como “Ley de la Guadua”, que aunque aún no se ha reglamentado ni puesto en marcha, su implementación sí obligaría al sector de la vivienda a construir al menos un 30 % de las casas rurales con base en este recurso natural.

De igual manera, su rápido crecimiento (alcanza su altura máxima en 6 meses), su capacidad de regeneración y su captura de carbono (entre 12 y 25 ton/ha al año) la convierten en una opción ambientalmente sostenible y estructuralmente confiable.

“En 6 meses la guadua alcanza su altura máxima. Para saber si está lista para construir se observan las manchas que, contrario a lo que se pensaría, no se deben a alguna infección o plaga, sino que son líquenes y hongos que no se le hacen daño, pero que indican que la planta ya es resistente y fuerte”, expresa la ingeniera agrícola Andrea Valentina Hernández, líder del Sembu.

Además, su implementación en el Meta es viable porque hay guaduales cercanos al ETCR, lo que facilita la apropiación local del material. A diferencia de cortar un árbol, extraer guadua no implica talar la planta, sino cortar los culmos maduros, lo que permite su regeneración natural.

El prototipo diseñado por el Sembu responde a las condiciones del territorio. Cada módulo se puede armar sin mano de obra especializada, lo que reduce los tiempos y costos de construcción. La estructura incluye protección contra la humedad del suelo y el deterioro por rayos ultravioleta, y además permite la ventilación cruzada para un mayor confort térmico.

La guadua tiene un potencial enorme para el sector de la construcción y disminuiría considerablemente los costos, pues, como indica el investigador Ayala, se ha encontrado que con bambú y el mismo presupuesto con el que se construye una Vivienda de Interés Social (VIS) o una Vivienda de Interés Prioritario (VIP) –proyectos financiados por el Gobierno–, se ampliaría el área construida hasta en un 30 %.

El impacto va más allá de lo técnico. “Un espacio adicional que mejoraría la calidad de vida de quienes habitan las viviendas y que demuestran la importancia de que los proyectos se apliquen en los territorios, pues es allí en donde la guadua puede cambiar la vida de personas que han sido olvidadas en temas de vivienda luego de la firma del Acuerdo Final de Paz entre el Gobierno y las extintas FARC en 2016”, menciona la líder Hernández.

Por otro lado, y aunque no lo crean, la guadua también se puede comer cuando lleva apenas unos meses de cultivada, lo que demuestra el potencial que tendría en espacios como el ETCR Mariana Páez, que está cerca de un cultivo de esta planta.

La resistencia de la guadua no es solo promesa y hoy se proyecta como una aliada fundamental para ampliar el área construida de VIS en territorios como los ETCR.

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