El desierto de La Candelaria, en Boyacá, se convertiría en el oído del universo y de la Astronomía. Foto: Johan Nicolás Molina Córdoba, Observatorio Astronómico Nacional (OAN)
Un equipo de investigadores comprobó que el desierto de La Candelaria, ubicado entre Ráquira y Villa de Leyva (Boyacá), es uno de los lugares más silenciosos del país en el espectro radioeléctrico. Este hallazgo reabre la posibilidad de instalar allí un radiotelescopio, capaz de captar las ondas que emiten las galaxias, los agujeros negros y otros cuerpos celestes, incluso a miles de millones de años luz de distancia.
En medio de este paisaje semidesértico, entre arbustos, frailejones y suelos rojizos, los investigadores instalaron una antena SDR (Software Defined Radio) para medir el nivel de ruido de radiofrecuencia.
El equipo científico lo integran: Johan Nicolás Molina Córdoba, del Observatorio Astronómico Nacional; Charles Triana Ortiz, del Observatorio AstroExplor, y Juan Camilo Buitrago Casas, de la Universidad de California (Berkeley), todos egresados de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).
Las mediciones demostraron que, a diferencia de ciudades como Bogotá o Soacha, donde el espectro está saturado por wifi, antenas, carros y hasta obras del Metro, el desierto ofrece un silencio electromagnético excepcional, con niveles promedio de -97 dBm.
“En Bogotá hay tanto ruido electromagnético que captar señales del cosmos es como tratar de escuchar una sinfonía en medio de una tormenta eléctrica”, explica el astrónomo Triana. Por eso, desde hace años los radiotelescopios más avanzados del mundo —como el VLA (EE. UU.), el ALMA (Chile) o el SKA (Sudáfrica y Australia)— se construyen en zonas apartadas y protegidas.
Aunque el desierto de La Candelaria ya había sido estudiado en 2009 por el profesor Sergio Arzallús, de la Universidad Nacional de Antofagasta (Chile), con el proyecto GEM (Active Emission Maps), la iniciativa quedó archivada por falta de recursos. Hoy, gracias a tecnologías más asequibles y a un renovado interés en la radioastronomía, el sueño revive.
“Hace 10 o 20 años, una antena como la que usamos hoy estaba fuera del alcance económico. Pero ahora, con herramientas más asequibles, podemos hacer estas mediciones”, señala el investigador Molina, magíster en Astronomía de la UNAL.
Este campo científico, aún incipiente en Colombia, representaría una oportunidad histórica para el país. Según el experto, “nuestra comunidad astronómica no supera las 400 personas. La radioastronomía apenas empieza a crecer, pero si se logra consolidar un proyecto como este, nos pondría en el mapa científico mundial”.
Condiciones geográficas que favorecen la ciencia
La Candelaria no solo destaca por su silencio, sino también por sus condiciones geográficas: baja nubosidad, poca humedad, altitud entre 2.000 y 2.500 msnm, y un entorno natural que protege de interferencias. Además, cuenta con redes como fibra óptica en áreas cercanas, lo que facilitaría la transmisión de datos.
“En un país donde la observación astronómica óptica se ve limitada por las nubes, la radioastronomía ofrece una alternativa real, porque las ondas de radio atraviesan la atmósfera incluso en días nublados”, resalta el investigador Buitrago.
Los investigadores enfatizan en que aún se necesitan más estudios, antenas más sensibles y análisis de las bandas protegidas, pero advierten que si no se actúa pronto, el crecimiento descontrolado de las telecomunicaciones podría hacer perder esta ventana al cosmos.
Colombia tiene frente a sí la posibilidad de sintonizar los susurros del universo desde su propio territorio. La pregunta no es si el país puede hacerlo, sino si quiere escuchar.
La investigación fue publicada en la revista eSpectra del Observatorio Astronómico Nacional (OAN) y se puede consultar gratuitamente en: https://astronomiaoan.github.io/espectra/
