Ni el diablo escoge.

Con el mundo en vilo por los acontecimientos bélicos entre Ucrania y Rusia, que están causando desestabilidad en la economía mundial y que tiene al planeta rezando por que la estupidez de los líderes mundiales se haga a un lado en sus decisiones al respecto y eviten la tan temida tercera guerra mundial, la cual sería un homenaje de muerte a la soberbia de estos estúpidos y engreídos presidentes.

En Colombia que sostiene a pesar del premio Nobel de Paz, el mismo conflicto armado de hace ya más cincuenta años, se vienen las elecciones de unos Senadores y Representantes que nadie conoce, los candidatos y candidatas a tan alta responsabilidad son seres olvidados de Dios y del pueblo que los va a elegir, las campañas electoreras han sido un fracaso total, a pesar de las vallas publicitarias, los medios de comunicación y de las redes sociales.

Es un hecho que los candidatos al Senado y al Congreso son conocidos por las personas que les han permitido colocar en las ventanas de las casa o de los negocios sus pancartas, pendones o afiches, es decir los conoce la querida madrecita y sus familiares, amigos y vecinos, pero la comunidad en general tiene una vaga idea de quienes son esos señores o señoras que aparecen en dichas publicidades, más del 60% de la población apta para votar en Colombia ignora a estos candidatos, candidatas a legislar en el país.

Con el bombardeo publicitario electorero se ha conseguido un efecto contrario al esperado por los directores de campaña, un electorado volátil y distraído tratando de sobrevivir, ha dejado sin oportunidad a estos candidatos y candidatas, desplazados por la contienda presidencial sin encontrar los espacios y momentos para comunicarse con la nación votante.

Se atravesó en la votación la consulta interpartidista o intrapartidista, pues sobre esto también hay mucha confusión, lo que opaco el brillo de los participantes en la contienda por el Senado y la Cámara, tres coaliciones o pactos que han terminado de confundir a los ya desorientados electores.

Equipo por Colombia, David Barguil, Dilian Francisco Toro, Enrique Peñalosa, Federico Gutiérrez, Alejandro Char y Juan Carlos Echeverry.

La coalición de la Esperanza, Sergio Fajardo, Juan Fernando Cristo, Carlos Amaya, Jorge Robledo, Juan Manuel Galán y Alejandro Gaviria.

Pacto Histórico, Alfredo Saade, Gustavo Petro, Francia Márquez, Piedad Córdoba, Gustavo Bolívar, Roy Barreras, Alexander López, Aida Avella, Iván Cepeda, Wilson Arias, Feliciano Valencia, Armando Benedetti, María José Pizarro, David Racero.

Con toda esta gente hablando al mismo tiempo cualquiera se confunde y se aburre de escuchar las mimas y trilladas consignas de campaña, acabaré con la corrupción, Colombia para el pueblo, no más niños muertos de hambre y demás, y a esto se le suma las insipientes campañas regionales y nacionales de los partidos políticos que han avalado a sus posibles senadores y representantes que también causan gran fastidio a los colombianos por lo repetitivo de sus consignas, tanto de lo mismo ha hecho que la brecha entre la política y sus electores sea mucho más profunda.

Colombia es en este momento una nación asustada por la falta de seguridad nacional, gracias a Duque nadie puede dormir tranquilo, se teme a ser víctima de algún ataque del ELN o de las disidencias de la FARC, la implementación de la paz dejó los territorios en manos de la violencia y en esos territorios nadie puede hacer política.

Un Duque totalmente desconectado de lo que allí sucede, hay de nuevo desplazamientos, reclutamiento de menores de edad, se asesina diario mínimo a un líder social y en los centros más poblados la gente vive enfrentando la peor carestía de los últimos tiempos, el alto índice de desempleo, la inseguridad social y de salud, sin que se pueda ocupar en su confusa odisea por sobrevivir, de las campañas que para esta ocasión son más electoreras que nunca, pero sin el menor efecto sobre la opinión pública.

El efecto de votar las consultas al mismo tiempo que Senado y Cámara fue disminuir la importancia fundamental que los colombianos deben darles a estas elecciones, porque son estos individuos los que van a gobernar, es en estas dos instituciones donde se define el futuro del país, un hecho que los nacionales siguen desconociendo.

En Colombia se esta votando en medio de un sancocho desabrido y mal oliente de candidatos sin ideología de partido, el aval de los mismos no es garantía para que los candidatos se mantengan en el, los respaldos y espaldarazos políticos se dan sin importar si el partido en particular aprueba o no dichas decisiones, por lo que las coaliciones solo contribuyen a distorsionar aún más estas elecciones del mes de marzo.

Al sancocho súmele un grupo de candidatos y candidatas a las circunscripciones especiales de paz de la Cámara de Representantes que piden aplazar los comicios del próximo 13 de marzo, afirmando que las garantías electorales en materia de seguridad son inexistentes.

Hay conflictos de intereses generados por vínculos de familiares directos con reconocidos victimarios y otras afinidades con el paramilitarismo protagonista del conflicto que si han encontrado claro esta los recursos para financiar sus campañas sin tener que esperar por los del gobierno encargado de financiarlas.

Esto que se agrega al sancocho de las elecciones, de la votación por las circunscripciones especiales de paz de la Cámara de Representantes que se derivan de los acuerdos de implementación de la paz, nadie sabe cómo se come eso, se le asignaron los recursos con lo que estos candidatos especiales de paz podrían haber iniciado sus campañas, estos recursos deben ser respaldados por las aseguradoras en Colombia, pues para desembolsar estos recursos los aspirantes a estas curules deben presentar un seguro que ninguna compañía está dispuesta a expedir.

Esta gran olla podrida se sigue cocinando y genera en su cocción un humo negro toxico para la población en capacidad de votar, oscurece el panorama y crea un caos de información que una gran mayoría difícilmente asimila, pero que si es muy bien aprovechada por las coaliciones interpartidistas, especialmente la liderada por Gustavo Petro, una coalición que a pesar de la confusión general es imposible pasar sin que se advierta del atropello contra la buena fe de los colombianos, apoyado por los mencionados en el pacto histórico, que se prestaron para una farsa histórica, colocándose al servicio de un robo descarado a la nación de tiempo y recursos, porque sabiendo que el ganador de la consulta es su capo de escuadra, cumplieron con toda la

parafernalia de entrevistas y debates, en la que uno de ellos, el señor Saade, Ministro de Dios, dijo los siguiente: “humanamente sería imposible ganarle a Gustavo por su recorrido, lo que él genera, las pasiones que genera y tanto tiempo dentro de la política. Pero sí vemos una gran oportunidad de ser el segundo y eso nos llevaría, si tenemos una gran votación, a ser el vicepresidente.” Entrevista con el tiempo Laura Camila Vargas.

Con ese descaro se presentan estos representantes de la izquierda que cada que tienen que dar una declaración final escogen al ya escogido señor Petro para que la haga, el cinismo de la izquierda pretendiendo justicia, cuando lo justo hubiera sido un acuerdo entre ellos para ser el Sancho Panza de don Quijote, que descaro Gustavo Petro, Camilo Romero, Francia Márquez, Aurelis Uriana, Alfredo Saade, presentarse en televisión nacional a sostener semejante papelón, demostrando la falta de creatividad e inteligencia para resolver el problema del segundón, que es a lo que se reduce esta consulta que costo a los nacionales una millonada y de la que van a recibir otra millonada.

De las otras dos coaliciones que entre el diablo y escoja porque nadie tiene el liderazgo que se necesita para dirigir este país, candidatos viejos aunque jóvenes, con frases desgastadas y sin fuerza en sus voces, sin pasión en sus conciencias, vendidas y manipuladas, la suerte del país se encuentra echada en manos de aprovechadores expertos en dividir para gobernar, porque solo con partidos divididos y con ideologías devaluadas en medio de sus propias discusiones, logran con votaciones muy escasas en comparación con el potencial de votantes llegar a usurpar un país.

A este sancocho desabrido y mal oliente le faltan los condimentos de todos los candidatos a la presidencia que se lanzaron como independientes o se avalaron por firmas de los que tampoco el diablo se atreve a escoger, pero de ese sancocho podrido tendrán que alimentarse los colombianos durante otros cuatro años.

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